 | .
| En el marco de un mundo existencial fatalista, donde el criterio de verdad depende “del cristal con que se mire”, se encuentra la inquietud y convicción frontal y fontal cristiana de un joven que decide seguir a Cristo. Confrontar el tiempo en el que Jesús andaba por los caminos y veredas, y conocer la invitación que le ha hecho a hombres entre los hombres, parece anacrónica e ilógica la respuesta al tal llamado. Sí, es cierto. Pero vivir con Cristo en la única vocación a la que Dios nos llama a todos (la santidad, el amor, la perfección) es en realidad una total entrega a la divina Voluntad. ¿Cómo es que tal joven decide dejar su rango social, su trabajo, familia y profesión? Ante el mundo, la paradoja de esta vida “contraria” a los estándares de la sociedad donde no hay producción económica, donde faltan manos e individuos, sobresale el llamado. La gracia que el Señor da al joven varón (adolescente y adulto, también) es un misterio. ¿Acaso parece ser miel sobre hojuelas? Ante los ojos de esta sociedad no, pero en la presencia de Dios, sí. No hay duda de que un joven puede decidir escuchar el llamado, pues no hay predeterminación en la elección divina hacia el hombre, sino predestinación libre para el mismo hombre, y eterna para Dios. Una vida de entrega al amor y celibataria, no hace infértil la vocación natural de todo hombre, sino lo abre a una realidad trascendental no lejos de cada uno de nosotros. No hay soledad agobiante, hay soledad acompañada de Dios. Pero, ¿qué es esto para quien simplemente no cree o duda? El sinsentido de la vida ha provenido de quien no quiere responder a la vocación al amor.
Un joven sigue a Cristo, ¿por qué? Muchas veces el mismo joven no sabe como responder. El Pastor llama, ¿escucharás o atenderás el llamado? No hay voces divinas, hay impulsos de amor y donación. La vocación es un don y es un misterio, bien lo decía el siervo de Dios Juan Pablo II; pero que no envilece al hombre, ni lo ensoberbece; lo saca del mundo para, no siendo de él, estar en él. El regalo del amor que Dios hace en el llamado es la expresión divina de sus mismos designios amorosos. No, no es una reflexión piadosa ni teológica, es una respuesta a tantas preguntas que nos han hecho a todos. ¿Cómo hacer para comprender el llamado? Ser dóciles a la acción del Espíritu Santo (sí claro, como si fuera sencillo) ¿Dudas acaso de tal gracia? El joven que decide hacerlo descubrirá, una vez que haya estado un tiempo con el Maestro, que el Espíritu Santo siempre estaba actuando en él; por ello será necesaria la estancia en el seminario. |