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Joven, Cristo te llama.  | .
| Actualmente se está infiltrando cada vez más en nuestra sociedad una mentalidad perniciosa que apuesta por una vida light, ligera, libre de cualquier compromiso o de todo aquello que implique esfuerzo. Una vida light que busca lo más con el mínimo de esfuerzo. Y en este sentido ¿tú sabías que en nuestro tiempo se habla del joven light? Éste es aquel que vive entregado en primer lugar al hedonismo, que trata de pasarla bien a toda costa, buscando sensaciones cada vez más nuevas y excitantes, lo que apunta a una muerte de ideales; al consumismo como una manera de sentirse libre; a la permisividad que consiste en la búsqueda ávida de placer, que arrasa los mejores propósitos, haciendo del joven cada vez más esclavo; y al materialismo desde donde se percibe que la finalidad de la vida es ganar dinero y tener prestigio social. Es el joven infeliz que vive con un gran vacío moral y que actúa con mucha superficialidad y sin ideales claros. De hecho podemos constatar que cada vez hay más jóvenes con poco interés de superarse; los retos y esfuerzos ya no apuntan hacia la formación de un individuo más humano, culto y espiritual, sino hacia la búsqueda del placer y bienestar a toda costa; es un joven que cada vez es más vulnerable, ligero, light, por lo que es fácilmente manipulado. Pero sabemos, y el joven mismo se da cuenta, que este tipo de vida produce personas vacías. Rebajado, manipulado y tiranizado por estímulos deslumbrantes el joven ya no le preocupa la justicia, los valores como la libertad, la verdad, el amor… Muchos jóvenes de hoy ya no saben a dónde van, están perdidos, sin rumbo, desorientados y muchos enajenados por la droga y el sexo. Situación que produce una vida indiferente, sin aspiraciones, edificada de espaldas a cualquier compromiso trascedente. Ese es el joven que nuestra sociedad está produciendo. Pero afortunadamente también hay muchos jóvenes que aún tienen esa gran aspiración a la libertad y a la plenitud de vida, y que saben que eso no se puede lograr mediante la búsqueda egoísta de beneficios propios, sino sólo con la apertura del amor. La vocación al amor es nuestra vocación fundamental, y solamente así se hace frente al gran vacío que se está viviendo. Esa apertura al amor debe estar referida sobre todo a la persona de Jesucristo. Por eso el Papa Juan Pablo II decía a los jóvenes: “¡No tengáis miedo! ¡No tengáis miedo! La vida con Cristo es una aventura estupenda. Sólo él puede dar sentido pleno a la vida, sólo él es el centro de la historia. Vivid de él.” |
En este sentido, tú no te dejes desanimar por los que, decepcionados de la vida, se han hecho sordos a los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tú tienes razón en no resignarte a las diversiones superficiales, a las modas pasajeras y a los proyectos insignificantes. Si mantienes grandes deseos para el Señor, sabrás evitar la mediocridad y el conformismo tan presentes en nuestra sociedad. Amigo, ¡no te contentes con nada que esté por debajo de los ideales más altos! La apertura a Cristo y el encuentro personal con él ilumina la vida con una nueva luz, te conduce por el buen camino y te compromete a ser su testigo. Por eso lo que queda decir es que ¡el Evangelio sea el gran criterio que guíe tus decisiones y el rumbo de tu vida! De este modo serás un gran misionero con los gestos y las palabras y, dondequiera que trabajes y vivas, serás signo del amor de Dios, testigo creíble de la presencia amorosa de Cristo, porque tú lo has experimentado. No lo olvides. Pero, en esta apertura a Cristo, pudiera darse algo misterioso en lo más profundo de tu corazón: la presencia de Dios que te llama con una voz suave pero penetrante, invitándote a estar más cerca de él siendo sacerdote. ¡Ven y sígueme! se convierten para ti en algo inquietante que te impulsa a estar cerca de aquél que es la vida y a vivir una de las aventuras más hermosas que se puede experimentar: el llamado de Dios para ser sacerdote de Cristo. Pbro. Lic. Jorge Manuel García Rivera Web: http://www.semguad.org.mx
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