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DEJAR LAS “REDES” PARA SEGUIR AL SEÑOR “Ven y sígueme”, dijo Jesús. Y a aquellos que serían sus primeros discípulos, y luego miembros de la comunidad apostólica, Jesús los invitó a “dejar las redes”. Jesús llama a personas que están en sus actividades ordinarias, las llama ahí, en su lugar de trabajo, las llama porque han respondido en sus compromisos humanos, y, así, viendo precisamente la respuesta que han dado, alcanza a entrever un gran potencial de generosidad y les pide más de lo que hasta el momento presente han hecho de sus vidas. Estos discípulos que han dedicado su vida al trabajo que les han enseñado, con mucha probabilidad sus padres, y que responde a un trabajo del entorno en que ellos habitan, van a ser objeto de un llamado especial, expresión del amor de Dios. Son invitados a dejar las redes y seguir al Señor, con la promesa de “yo los haré pescadores de hombres”. Y se animaron, Y fueron capaces de desprenderse de su ambiente, de sus padres y demás familiares, de sus amigos. Sí, pero esto no les dolió, o, no les dolió tanto; habían ido conociendo al Maestro y, ahora, ya todo lo demás lo consideraban secundario, con tal de estar con el maestro, con tal de ser sus amigos, con tal de gozar de su presencia. Tenían ganas de no sólo “estar” con Jesús, sino de “permanecer” con Él; así, el “dejar” se convirtió en una “ganar”; jamás en un “perder”. Tener a Jesús, estar con Él, permanecer con Él, no es una pérdida, es una ganancia, es la mayor ganancia, es el mejor negocio que se puede hacer en la vida. Y todo lo que éstos hicieron, el “dejar las redes”, les trajo como retribución el llegar a ser discípulos, apóstoles, santos… Vivimos en un mundo en que se nos está invitando fuertemente a sobrevalorar todas las cosas que “en esta vida” se pueden gozar; podemos decir que hay una presión constante hacia lo material, hacia lo placentero, hacia lo fácil, lo cómodo y al mismo tiempo a evitar cualquier cosa que pueda causar la mínima dificultad. “Dejar las redes”. ¿Qué puede significar para nosotros en este tiempo el dejar las redes? ¿Qué exigencias pide a un joven esta expresión? ¿En qué redes se puede meter el hombre de hoy, que le puede hacer insensible a la voz de Dios?  Pensemos en: 1. Las redes de los bienes materiales. Estos bienes dados por el Creador con la finalidad de que nos ayuden a llegar a Él, pero que con mucho frecuencia más bien nos distancias y quitan las ganas de gozar de su amistad. 2. Las redes de los lazos afectivos. Como seres humanos pertenecemos a una familia, a cuyos miembros amamos, pero que si se descubre el llamado del Señor, se ha de estar dispuesto a un justo alejamiento físico, aunque no espiritual y afectivo. 3. Las redes de la mediocridad. Sí, esas redes abundan mucho, sobre todo metiendo en la mente y en el corazón de muchos jóvenes un conformismo, un no tener ilusiones, muy pocas ganas de superación; y menos deseos de poder explotar todas las capacidades que el Señor ha dado a cada uno; nos podemos conformar con dar el mínimo en todos los campos, y así, quedamos atrapados en estas imantadas redes. 4. Las redes de la comodidad. Se quiere huir al sacrificio y así, muy poco progreso personal se puede tener, y mientras no haya progreso personal, el ayudar a la superación de los demás, objetivo específico del sacerdote, no podrá llevarse a cabo. Ya lo decía el Papa Benedicto XVI el día siguiente al inicio de su pontificado: los caminos del Señor no son cómodos, pero tampoco hemos sido creados para la comodidad, sino para cosas grandes, para el bien…Cristo no nos ha prometido una vida cómoda. Quien busca la comodidad, con él se ha equivocado de camino. Rompamos las redes que nos impiden escuchar y seguir al Señor que nos invita a seguirle. Escuchemos su llamada que nos dice “VEN Y SÍGUEME”. Pbro. Lic. Mariano Moreno Fonseca Web: http://www.semguad.org.mx |